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sábado, 7 de septiembre de 2013

One nation under God



Siempre he dicho, en cierta analogía con la gramática, que lo religioso es el término marcado, mientras que lo no religioso es lo no marcado. Así, la persona que se identifica como perteneciente a una religión se sanciona de algún modo como peculiar, en contraposición a la persona que vive ausente de preceptos religiosos específicos. Sin embargo no ha sido así históricamente. Por ejemplo, en la España de la dictadura franquista, vivir apartado de la iglesia marcaba hasta el punto de no ser muy aconsejable. En una sociedad religiosa, el ateo está marcado. Como yo no creo en lo sobrenatural y no sigo ninguna religión, considero que lo marcado o peculiar es creer en entidades cuya existencia carece de evidencias.
No hace tanto, en los 80, el presidente norteamericano George Bush (padre) dudaba con toda naturalidad que alguien ateo pudiera ser considerado un ciudadano americano, ya que Estados Unidos era en sus palabras “one nation under God”. El alcance de un comentario así por parte del presidente de una nación occidental moderna es importante y sorprendente. Bien es cierto que tal comentario se lo largó a un periodista al anunciar su candidatura para presidente, y no menos que sosteniendo esa manera de pensar, resultó elegido. Este under God, aparece en el juramento a la bandera estadounidense o pledge of allegiance, juramento que data de 1892 pero que carecía de esta referencia a Dios hasta que fue oficialmente incluida a comienzo de los años 50 del siglo XX. Desde luego, actualmente Obama ofrece un discurso muy distinto desde su presidencia demócrata, explicitando la igualdad social para personas de todo credo incluidos los no creyentes. Sin embargo, me da a mí que muchos en el partido republicano suscribirían en la actualidad la máxima de George H.W. Bush.
Claro que pese a que EEUU están a la cabeza en muchos aspectos educativos, científicos y tecnológicos, esto no significa en absoluto que la nación, en cuanto al conjunto de sus habitantes, lo sea. Hay datos llamativos como el porcentaje de personas que dan valor literal a la Biblia o que rechazan la validez de la Teoría de la Evolución. No deja de llamarme la atención que esto sea así, ya que EEUU ha solido ser en general una referencia de lo moderno, desde hazañas espaciales como pisar la luna a estándares tecnológicos como internet.

En la España más pacata y retrógrada la realidad religiosa tenía un solo carril asfaltado por la Iglesia católica apostólica y romana. Por el contrario, el mapa de carreteras religioso en los States es, desde su fundación, multicarril, si bien gravitando principalmente alrededor de la tradición judeocristiana. En este sentido, la libertad religiosa americana es notable, ya que cualquiera puede oficialmente fundar una iglesia de cualquier tipo.
 
En general, la tradición católica no ha estado obsesionada con la lectura del antiguo testamento, sino que se ha centrado más en la enseñanza de los evangelios, dejando el Pentateuco para lecturas en misa y los miembros de la iglesia, feligresía aparte. De hecho, la lectura personal del antiguo testamento estaba poco menos que prohibida, y no me extraña, porque no son pocas las obscenidades, actos violentos, contradicciones, etc., que aparecen. De tal modo que el estamento eclesiástico procuraba mantener a la gente alejada de interpretaciones personales. Por esto, en España los asuntos relativos a la creación han tenido una menor importancia dentro del constructo de las creencias populares y se ha potenciado por contra el culto a las imágenes y los santos. El aspecto digamos más costumbrista de la religión.
 
Por todo esto, pienso que en la historia más o menos reciente del entorno cristiano europeo no ha habido tanto campo para el enfrentamiento de lo religioso con la  ciencia, mientras que en EEUU ha sido un asunto de relevancia mediática. Y es que, si bien tengo muchas cosas que recriminarle a la iglesia católica, especialmente en cuanto al adoctrinamiento de los menores, ciertamente no es común en nuestro entorno que se produzcan encendidos debates ciencia versus religión, ya que en general se consideran asuntos separados.  El católico medio español, que en realidad está principalmente pendiente de la dimensión social de la religión, ve a un predicador que cuestiona teorías científicas aceptadas con desconfianza, mientras que en EEUU es, para un número significativo, un modelo a seguir muy respetado en su entorno social.
En cualquier caso, parece aconsejable que en general cualquier sociedad deje la religión al margen de la política en la medida de lo posible, y digo en la medida de lo posible porque si esa sociedad es mayoritariamente religiosa… con la Iglesia hemos topado.

martes, 27 de agosto de 2013

Ser un "bright"



Ando en el penúltimo capítulo del libro de Lawrence Krauss A Universe from Nothing. Lo estoy leyendo y disfrutando en versión original. Después de haber visto a Krauss en bastantes videos de diferente tipo ya sabía que al hombre se le da la oratoria. Pues bien, además resulta que es de esos científicos que escriben estupendamente y te obligan a trabajar la mente mientras te lleva del pasado más remoto a un futuro muy lejano y de lo increíblemente pequeño a lo absurdamente grande, y cuando hablamos de grande o pequeño, no estamos sencillamente hablando de objetos, o sea materia, sino de magnitudes extremas del espacio y el tiempo, donde parece que se encierran los mayores misterios por desvelar que nos depara la ciencia. Y en estas que el otro día, estando de visitas por tierras levantinas, justamente estuve dando un agradable paseo por el centro y Barrio del Carmen de Valencia dando con la fnac abierta en domingo donde cayeron Cliclos del Tiempo de Roger Penrose y Evolución, el mayor espectáculo sobre la tierra de Richard Dawkins. De este último leí con interés las primeras páginas en el cercanías de vuelta. Y como quiera que me despertó de madrugada una espeluznante tormenta y dado que mi capacidad para retomar el sueño ha disminuido a la par que mi  tinnitus aumentado me puse a vagar por la red alrededor de Dawkins, Krauss, ateísimos y demás, dando con la web http://www.the-brights.net. Los Brights son un movimiento iniciado por Paul Geisert en 2003 que promueve la comprensión pública y el reconocimiento de la visión naturalista del mundo. El movimiento tiene vocación universal, pero nace en EEUU, y uno de los principales objetivos que persigue es conseguir la lexicalización del término bright como sustantivo (es un adjetivo) con el significado de “alguien que tiene un punto de vista naturalista sobre el mundo (libre de elementos sobrenaturales y místicos)”. Desde el punto de vista lingüístico se trata de zero derivation, proceso por el cual una palabra cambia de categoría gramatical sin la adición de morfema alguno. También se puede considerar que se ha añadido un “morfema invisible” denominado null morpheme. El asunto léxico-semántico es interesante porque, si bien aquel que tiene una visión naturalista sobre el mundo es sencillamente un “naturalista” o se adscribe al “naturalismo” –hasta aquí correcto, el uso del término se ha extendido de modo que designa a alguien que sencillamente gusta de darse un paseo por el campo, a excursionistas y a defensores de la naturaleza. Pero declarar tu amor por la naturaleza y tu enconado esfuerzo por su defensa no te hace en absoluto un naturalista en el sentido estricto del término. Esto ocurre tanto en español como en inglés. Así, un naturalista en el sentido laxo de la palabra bien pudiera ser además un avezado espiritualista que enciende velas para convocar a los ángeles y echa las cartas del tarot en sus ratos libres, lo cual obviamente le alejaría bastante de estar libre de elementos sobrenaturales o místicos. Es aquí donde entra la acuñación de un neologismo como brights. Está por ver si se mantendrá en inglés y cómo se exportará a otras lenguas. En el caso del español, me da que ir por ahí diciendo ser un “brillante” no va a tener mucho éxito. Mantener el neologismo inglés y adoptarlo como anglicismo parece lo mejor, para ira de anglófobos.

Para hacer una breve reseña de algunos conceptos clave a lo largo de las primeras páginas del libro de Richard Dawkins, el autor señala en Evolución la diferencia entre teoría, teorema, conjetura, hipótesis y hecho. Me parece cada vez más sorprendente que sigan apareciendo aquí y allá comentarios por parte de críticos con la evolución que señalan con toda la tranquilidad del mundo que “se trata sólo de una teoría”, confundiendo el sentido de teoría que se aplica en ciencia: “serie de las leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos” (D.R.A.E.). Obviamente, quien confunde este uso con la locución común “en teoría” desbarata su credibilidad de un plumazo. Por otra parte, Dawkins indaga sobre el hecho de que, pese a que la evolución no es observable, al menos por selección natural sí es una teoría susceptible de haber sido desarrollada mucho antes, sin  haber tenido que esperar a que estuviera bien entrado el siglo XIX. Se refiere el autor en este punto a Ernst Mayr, al que describe como “el gran abuelo de la síntesis neodarwiniana”. Mayr, fallecido en 2005 a los cien años de edad, postulaba que el retraso en el desarrollo de la teoría de la evolución obedece al esencialismo platónico, el cual ha dominado ampliamente el pensamiento a lo largo de la historia occidental. Por otra parte Darwin apunta que este esencialismo es en gran medida connatural al ser humano, siendo los niños perfectos esencialistas. El proceso de aprendizaje sobre el mundo consiste en gran medida en categorizar el entorno asumiendo la existencia de un modelo esencial. Y es que, como Dawkins reflexiona, el valor de la observación, pese a ser un pilar de la ciencia, está hipervalorado en general, ya que en muchas ocasiones nos engaña o nos lleva a conclusiones erróneas. Para Dawkins, la inferencia indirecta es a menudo la conductora hacia teorías que se mantienen como hechos. Especialmente cuando se estudian fenómenos de la naturaleza que ocurren muy lentamente a lo largo de enormes periodos de tiempo, como la evolución por selección natural o la deriva continental. Es interesante apuntar aquí que Dawkins deja caer en los comienzos del libro que la selección natural no es el único y exclusivo factor conductor de la evolución, espero con ganas que ahonde sobre este asunto en posteriores capítulos. Además, curiosamente es la evolución por selección artificial un proceso que, por el tiempo relativamente corto en el que se desarrolla, permite que entendamos lo enormemente productiva que es la evolución en general, ya que genéticamente lo que ocurre en la selección artificial (como en la creación de razas de perros) es lo mismo que en la evolución darwiniana solo que en la primera es la acción del hombre la que actúa sobre el acervo genético.

 

Esta ha sido mi lectura principal en los dos últimos días, y dado que me interesan estos asuntos de la evolución, la geología, la cosmología, astronomía, etc., que mi concepción del mundo es naturalista, y que me mantengo al margen de la religión (pues no creo en la existencia de entidades sobrenaturales como deidades, ángeles o demonios), no sólo le he echado un vistazo a la web de los brights, sino que me he registrado. ¡Soy un bright! La verdad es que en general soy reticente a pertenecer a cualquier grupo que implique alguna ideología. De hecho mi posición religiosa, en principio, es la ausencia de posición. En la práctica, como la religión está fuertemente imbricada en el tejido social y como soy, como cualquiera, parte del mismo, tengo mi derecho a hacer crítica sobre la religión cuando me plazca. Y de hecho lo hago. En esto que me ha llamado la atención una de las sugerencias en la web de los brights, que anima a usar el término para rellenar cuestionarios que pregunten por la religión. En principio me da cierta grima que se le pregunte a alguien a qué religión pertenece, como si tener una religión fuera tan normal como tener nombre, apellidos, dirección, etc. Lo cierto es que, probablemente, en EEUU las preguntas sobre raza y religión en impresos de diversa índole deben estar a la orden del día. Viviendo en Inglaterra, (que con sus diferencias comparte un acervo cultural anglosajón con los norteamericanos) hace años, tuve que rellenar un cuestionario más o menos oficial, no recuerdo muy bien para qué era exactamente, pero pienso que se trataba de algo relativo al trabajo. Creo recordar que no se me preguntaba la religión, pero sí recuerdo que se me preguntaba la raza. Ignoro si actualmente existe algo parecido en España para inmigrantes que empiecen a trabajar en el país, pero no deja de parecerme extraño y producirme cierto rechazo. En la España de otros tiempos las razas quedaban muy claramente taxonomizadas por tonalidades: blanca, negra, amarilla, cobriza y aceitunada (por cierto que Antonio Muñoz Molina escribió un interesante artículo al respecto). Las posibilidades que brindaba el cuestionario británico resultaba más complejo. Una de los epígrafes incluía el término “mediterráneo”, y aunque yo soy más de las playas de Cádiz y Huelva, siempre me ha gustado a mí eso de sentirme culturalmente “mediterráneo” (pero a menudo me identifico con lo british). En cualquier caso, por lo que pude entender, lo de mediterráneo venía a ser alguna suerte de subclase dentro de los aceitunados, lo cual no es lo mismo que bronceado con unte de aceite bajo el sol de Andalucía Occidental. De este embrollo me sacó mi jefa, blanca cual directa descendiente de los Jutos con un ‘you are white”, sin más vueltas.  A lo que voy, no creo que se le tenga que preguntar la religión a nadie si no es para inscribirse en una iglesia, secta o algo parecido, en cualquier caso para asuntos relacionados con la religión. Lo que me produce una suerte de extrañamiento es que se dé más o menos por hecho que la gente pertenece necesariamente a una religión. Ahí cumple perfectamente su función la denominación bright, y probablemente lo escribiría de darse la situación en un país de habla inglesa, aunque el simple guion largo (queda más aseverativo que corto) o rayita, se me antoja más potente, algo así como responder “pero qué clase de pregunta es esa” o “acaso me ha tomado por alguien que cree en lo sobrenatural”.  De algún modo, al rellenar la casilla, aunque sea con “bright” no deja uno de aceptar que es connatural al individuo pertenecer a alguna religión. Y además aquí viene el quid: el movimiento bright no es una religión. Así, escribir “bright” en la casilla debería en todo caso interpretarse como una rayita con un asterisco y una explicación a pie de página indicando “bright” como explicación del motivo por el que se pone la rayita.

Como ahora soy un bright, incluyo una imagen digamos corporativa de la comunidad para hacer proselitismo (¡yo librepensador, qué vergüenza he caído en manos sectarias!) Y consciente de que no publicaba desde mayo pese a haber hecho propósito de enmienda (¿concepto cristiano?) elevo este texto (“subir” lo dejo para archivos de programas y tal) a entrada del blog con la intención, como siempre, de que no me decaigan las ganas.

viernes, 24 de mayo de 2013

Christopher Hitchens


     

Algo más de un año ha transcurrido desde la última entrada en este blog, y eso que por entonces andaba yo con la pierna enyesada, lo cual, en buena lógica, hacía proclive mi dedicación a escribir algún comentario, chascarrillo o simple colección de ripios. Sin embargo mis aportaciones a este menguante blog (aunque nunca mostró un vigor notable) han desaparecido como el Guadiana o como un ave que tan sólo soporta las bondades de la primavera. Veremos si los rigores del verano no hacen volar al avecilla distraída de la escritura hacia refugios más llevaderos, aunque los precedentes no son para aventurar grandes hazañas redactoras. Ya hubo anteriormente un hiato mayor.

Entre las últimas entradas hay una marcada entre paréntesis con un 1, lo cual implica que al menos estaba en proyecto un 2. Efectivamente debería haber un 2. Veremos si al avecilla de marras le da por quedarse a ver de nuevo el video de la charla entre Richard Dawkins y el Arzobispo de Canterbury y si tiene a bien aumentar en algún modo el comentario anterior. Por cierto que recientemente se posó junto al alféizar de mi ventana, justo sobre el compresor del aire acondicionado un ave no tan común en las ventanas de la ciudad. Apenas estuvo un par de minutos antes de echar a volar. No soy un experto en ornitología ni en cetrería, pero pude identificar que se trataba de un halcón, acaso de los criados en una fábrica de cerveza no muy lejana en la que se han criado halcones para mantener a raya a las palomas, engullidoras insaciables de cebada.

En estos últimos meses he devorado compulsivamente videos en la red relativos a los campos de interés de Richard Dawkins, lo cual ha añadido algunos nombres propios a mi conocimiento, como Sam Harris, Daniel Dennett, Lawrence Krauss o Christopher Hitchens. Me interesó en particular el pensamiento de éste último, y apenas tuve el gusto de conocerlo se me murió. Es decir supe que no hacía mucho había fallecido debido a complicaciones derivadas de un cáncer de esófago. Esto no ha hecho sino aumentar mi interés por su pensamiento, dado que la enfermedad le hizo actualizar en su propio ser las ideas sobre el “no más allá”. Y creo decir sin equivocarme, aunque me faltan lecturas, que lo hizo no en el sentido de redefinir o matizar, sino más bien de hacer válidas sus ideas de siempre acerca de la religión, el teísmo y sus cielos e infiernos. Todo ello a la vista de un horizonte más o menos cercano que no prometía nada halagüeño.

Hitchens, licenciado en filosofía, ciencias políticas y economía, fue una persona controvertida y polémica. Afín a la izquierda británica mantuvo su espíritu de librepensador, no adscribiéndose a lo que yo suelo llamar “el pack”. Es decir, me gusta que las personas piensen de manera individual y crítica sobre asuntos concretos. Me resulta sospechoso observar que alguien coincida en opinión con absolutamente todos los preceptos correspondientes a la opción política sobre la que gravita, independientemente de que personalmente esté de acuerdo o no con sus opiniones particulares. Esto le hizo también sufrir cierta hostilidad proveniente de la izquierda. Pero admiro a la gente que muestra esa absoluta independencia de pensamiento. Esto suele darse en personas con una educación sólida y una inteligencia notable. Pienso que cuanto más en “el pack”, sea el que sea, menos capacidades intelectuales demuestra el individuo.  En cierto momento de su vida abandonó su Inglaterra natal para instalarse en EEUU, convirtiéndose en angloamericano. También era sabida su querencia por las bebidas espirituosas, lo cual al parecer no interfirió en el desarrollo de sus actividades. En su biografía se incluye el hecho de ser hermano de Peter Hitchens, conocido por su ideología conservadora, y con el que se enfrentó en debates. Esto de los hermanos divergentes me recuerda un poco a lo de los Paniker y Panikkar, Salvador y Raimon, que no se ponen de acuerdo ni en deletrear el apellido.

En los últimos años, su actividad giró principalmente alrededor de la no existencia de entidades sobrenaturales; es decir, dioses, cielos e infiernos. Un gran tipo.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Dawkins contra Williams (1)


Al parecer no ha sido apasionado, quedándose en las mansas aguas de lo que un profesor ha venido a considerar una afable conversación tomando el té. Y es que el tema pactado era elevado, los dos protagonistas relevantes y el foro notable. También pudiera antojarse anacrónico que un biólogo evolucionista y el mismísimo Arzobispo de Canterbury hayan mantenido un debate sobre la naturaleza de los seres humanos y la cuestión acerca de su verdadero origen en la facultad de teología de la Universidad de Oxford.

La discusión sobre la teoría darwiniana de la evolución en la Universidad de Oxford resulta tener sus orígenes en 1860 y sin embargo el debate al que me refiero ha tenido lugar muy recientemente y ha sido televisado. El biólogo en cuestión es Richard Dawkins, conocido militante del ateísmo y del escepticismo. Algo que me resulta curioso por cierto, acaso peligroso, es la etiqueta de biólogo evolucionista, porque puede dar pie a pensar que la evolución es tan sólo una corriente de pensamiento o una escuela dentro de la biología, entendiendo que puedan existir biólogos no evolucionistas. Pero no seamos tan puntillosos y quedémonos sencillamente con el hecho de que el profesor Dawkins se ha centrado, dentro de la biología, en los procesos evolutivos de la vida.

Sinceramente, siendo un chavalín ya me era familiar la Teoría de la Evolución de Darwin, como para cualquier chaval que fuera al colegio, supongo, y si me hubieran preguntado hace unos años, hubiera dicho que probablemente el no reconocimiento de dicha teoría era muy residual, propio de minoritarias sectas. Sin embargo la discusión ha cobrado vigor en los últimos años, especialmente en EEUU. Pero Oxford no es EEUU, aunque existe una ciudad homónima en Mississippi, con excelente nivel educativo por cierto. De modo que los que esperaban leña se han quedado con un palito entre los dientes y cara de haba. En realidad la postura del Arzobispo no ha sido tan apasionada como algunos desearían, llegando a elogiar los escritos del autor de El Gen Egoista, mientras que Dawkins, por poner un ejemplo, ha admitido ser un “anglicano cultural”, que no es poco para alguien que da conferencias por el mundo sobre la inutilidad, a la luz de la ciencia, de considerar la existencia de lo divino.

Uno agradece que la sangre no llegue al río, especialmente por parte de alguien que porta un crucifijo y tiene una posición influyente dentro de la religión. Ciertamente el Arzobispo, Rowan Williams, al que el moderador se dirigía como Dr. Williams, con su voz grave y cejas diablescas impone lo suyo.

El moderador, Anthony Kenny, un filósofo agnóstico comenzó, tras las presentaciones, sentando tres sencillos puntos sobre los que los tres habían de estar de acuerdo. A saber, que creen en la “verdad objetiva”, la lógica y la ciencia. A lo primero apostilló, jocosamente, que esa verdad objetiva no sería simplemente un constructo ideológico que tiene como finalidad mantener abajo a las clases bajas.

De momento dejo estos apuntes sobre un debate que, por supuesto, dio para muchísimo más.

viernes, 18 de julio de 2008

Polvo eres...


Observando mi mesa escritorio bajo una oblicua luz me doy cuenta de que pese a haber limpiado con el multiusos y la bayeta, el polvo se asienta en multitud de rincones y objetos. Ahora entiendo un poco mejor la cruzada que mantenían las mujeres de mi entorno familiar contra el polvo cuando era niño. Ahora tengo incluso una especie de moderno plumero “atrapapolvo” exclusivo para el portátil, sí sí, lo llevo en la funda (solo el recambio, sin el mango). Muchas veces nos hemos preguntado el porqué o el para qué de gérmenes, bichos y demás. Pero, ¿y el polvo? ¿Por qué demonios la materia tiene la manía de hacerse minúscula y flotar hasta depositarse sobre todo aquello que no esté bien (en)cerradito? Y lo peor es cuando te pones a pensar que todo ese polvo lo respiras antes de depositarse. Puf, para sacarle a uno esa vena hipocondríaca que siempre ha negado tener. Y eso que puede tener hasta su estética, como cuando al atardecer los rayos de sol hacen visible una barbaridad de partículas en suspensión flotando apaciblemente en tu habitación (claro que esto solo es posible si tienes una ventana orientada al oeste). Confieso que en la educación católica que recibí (sin solicitarla, como todo el mundo) me impresionaba mucho eso de “polvo eres y en polvo te convertirás”, que por otra parte es de los conceptos ligados a la religión que más analogía tiene con la realidad del universo que conocemos. Pero el polvo que más me ha impresionado desde pequeño se ve pero no es palpable, aunque lo parece. Está sobre un ánfora en un tenebroso cuadro del pintor Juan Cárceles.

miércoles, 16 de julio de 2008

Insomnia recalcitrante


Las cinco de la mañana y no puedo dormir. Mea culpa.


(Tan acostumbrado a una vida desordenada que el calor acrecienta tanto como mi circunstancia). Elijo un libro ya leido de los que están a mano en la mesa tras mi cabecera y no me concentro. Escucho Palingenesis, el disco del guitarrista callejero londinense. Me vienen recuerdos efímeros a mi mente.

“Toma la guitarra, necesito ir a mear”. Me siento sobre su ampli a pilas, subo el potenciómetro, varios armónicos, unos arpegios, varios rasgueos, unos tappings que me salen fatal y varias monedas que suenan en el estuche de Paul. ¿Era el comienzo de mi incipiente carrera de músico callejero en Londres? No, no lo fue, pero lo pensé. No tenía amplificador con batería. No tenía otras cosas que hacen falta para ello.

O quizás me sobraban algunas.

Poesía seca y música húmeda como el techo sin pintar.

Las cinco de la mañana y no puedo dormir. Mea culpa.

viernes, 18 de abril de 2008

La música y sus funciones


La música está pertinazmente presente en la vida diaria de casi todo el mundo, y no solamente en el caso del melómano de prolija discoteca. La música nos rodea, está en las cuñas de los informativos, en los anuncios publicitarios, en los fondos sonoros de programas de televisión, en los menús de los DVD, en las películas, en los documentales, en los teléfonos móviles, en los juguetes; en definitiva en muchos sitios donde desempeña una función secundaria o paralela (el caso del cine es especial, más adelante me referiré a él). Las músicas que cumplen esta función provienen de diversas fuentes. Podemos encontrar el éxito de actualidad en un anuncio televisivo, lo cual debe significar en principio que el anunciante se ha gastado sus buenos cuartos. Pero esto último no es algo de lo que podamos estar absolutamente seguros ya que existen en el mundo empresarial multitud de formatos para hacer negocios, especialmente en épocas de crisis y muy particularmente con la necesidad de las discográficas de abrir nuevas vías de comercialización. El intercambio o barter en su voz inglesa es un sistema que suele utilizarse mucho en publicidad. También, los éxitos del pasado han sido y siguen siendo ampliamente utilizados, quizás haya un repunte al respecto actualmente. Si la razón está en el puro criterio estético de los creativos publicitarios o la factura a presentar al anunciante tiene que ver, se escapa a mi conocimiento, aunque no a que le dé algunas vueltas en mi cabeza. Pero también podemos encontrar música no reconocible, esa que ha sido creada ex profeso para acompañar por ejemplo tal anuncio televisivo. En este caso se entiende que en ello trabajan músicos y estudios de grabación especializados, y esto parece lo más consecuente y profesional. Pero a menudo me defrauda notar que esa melodía suena a plagio total y me parece reconocer algún éxito de hace quince o veinte años, pero tan lejanamente que no se le puede llamar adaptación, versión ni nada parecido (con lo cual también entiendo que es lo que debe salir más baratito). De todos modos, sigo pensando que tiene un gran valor componer algo adecuado al medio con el que la música vaya a ir adscrita, aunque sea un tono de espera para la línea telefónica, porque hasta en esto hay calidades (el de mi banco me encanta). En el cine hay una serie de capas que se superponen para crear un conjunto y la música es a menudo (hay excepciones) un elemento fundamental. Ocurre que, especialmente en el cine de presupuestos más o menos elevados, a menudo encontramos renombrados compositores y magníficas producciones musicales que se desligan de la pantalla y asumen la forma de otro producto comercial como BSO, en ocasiones de notables cotas.
En cualquier caso, la música adquiere a menudo un carácter más o menos servil con respecto a otras disciplinas e intereses, del mismo modo que cuando la música se comercializa supuestamente como objeto en sí misma adquiere un carácter más o menos servil con respecto a nosotros mismos. Y es que en general no podemos prescindir de las músicas a las que me refería anteriormente sin obviar el resto del soporte, pero al elegir la música que nos acompaña al conducir, al leer, al escribir o al amar estamos de algún modo eligiendo y modulando la realidad que nos circunda.
Pero hay algo más que eso, porque la música tiene su lado privado y su lado público o social, y en base a éste último la música con la que uno se identifica puede ser parte de tu caracterización como persona. A veces la ausencia de interés por la música es un rasgo de caracterización en sí mismo. Sin embargo son muy comunes los prejuicios con respecto a ciertas músicas y la gente que las consume, las adora, las utiliza o se adscribe a ellas de algún modo. En realidad todas las músicas tienden a tener un enemigo cultural que trata de ningunearlas, de defenestrarlas. En general, cuanto más alejado del mainstream, más posibilidades de caer en las consabidas etiquetas de raro, ruido, inentendible, etc. Luego está el factor tiempo. En mi opinión la música es algo perdurable y además hay tanta que siempre hay tiempo de volver al pasado para descubrir, redescubrir y completar. Uno de los ejemplos más extremos de cómo la música posicionaba a los individuos era el de las tribus urbanas, especialmente en los años ochenta, o al menos así lo viví. Heavies, punkis, rockabilis y otros se definían por conceptos musicales que se han difuminado con el tiempo.

jueves, 3 de abril de 2008

Los delfines del palacio de Cnosos


En lo que fuera el precioso pabellón de Marruecos de la Expo 92 y organizada por la Fundación Tres Culturas, asistí ayer a una mesa redonda (El Mar y sus Viajeros: De Homero a Simbad) a cargo de Manuel Vicent y Jordi Esteva. Uno de los argumentos centrales en la charla de Vicent fue la idea de que el Mediterráneo es una zona donde las convulsiones (el caos en sus palabras) han servido de estímulo para el avance del pensamiento y las civilizaciones. Contrastó Manuel este hecho con la sociedad teutona, donde el desarrollo viene dado por unos esquemas de pensamiento previos que funcionan en tanto el entorno no asuma variables no previstas, entonces se desestabiliza todo el sistema. Por el contrario, el Mediterráneo como entorno de desarrollo de culturas ha ido construyéndose a base de coyunturas que han hecho del nexo de todas ellas, el ponto que las unía , un mar vinario, entintado desde las luchas por el codiciado paso por Troya hacia el Mar Negro. Ulises, durante su largo y azaroso retorno a Ítaca llega a salir del ponto mediterráneo por el Estrecho de Gibraltar, saliendo a la nada atlántica, un nirvana vacío, o un averno del que regresa a manera de resucitación. Recientemente me decía una amiga argentina que solía entender “de Argentina a Estambul”, versión apócrifa de la canción de Serrat. Quizás en algún momento doblar el Cabo de Hornos fue la proyección o extensión de la salida de Odiseo por el Cabo de Trafalgar.
No dejó de referirse Vicent al vertedero que es actualmente el Mar Mediterráneo, donde los monstruos y leviatanes que acechaban a Ulises deben andar asqueados refugiándose en alguna fosa abisal, y los descendientes de los delfines del palacio de Cnosos buscando por el Estrecho algún paso libre de vertidos.

lunes, 31 de marzo de 2008

Tiempo borgiano


En el intento de dormir, tras leer algunos artículos de prensa, apagar la luz y confiarme a Morfeo, éste no ha venido, estará ocupado cuidando de otros que le necesiten más. El que sí que ha venido a mi pensamiento insomne ha sido Borges, y como se da el caso de que tengo a mano el segundo volumen de sus Obras Completas he leído, de nuevo, tras muchos años Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Debo confesar que propuse "Uqbar" como nombre para el último grupo en el que toqué hace unos años, pero no fue aceptado, aunque a mi parecer el nombre encajaba con el género del mismo. El caso es que a colación de la última entrada en el blog (“Punto de inflexión”), existen en el imaginario planeta de Tlön, elevado a tal desde mera provincia de Uqbar, metafísicos que llegan a negar la existencia del tiempo.

“Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente.”

Y aún se refieren en el genial relato otras teorías más peregrinas de otras escuelas de Tlön que no cito. Propongo su lectura.

Como base epistemológica de la naturaleza del tiempo parece plausible, pero como base para recapacitar sobre nuestra naturaleza temporal me parece sublime. Esa indefinición del presente se podría redefinir como la única realidad que podemos aprehender y sobre la que podemos actuar, ya que si en alguna ocasión llega a ser recuerdo presente no es en cualquier caso algo sobre lo que podamos actuar. La idea, no por obvia deja de ser potente.

domingo, 30 de marzo de 2008

Punto de inflexión

A veces los esquemas vitales de una persona se rompen y toca replantearse las cosas. El renacer solo ocurre cuando no se vuelve la vista atrás más de lo necesario y empiezas a trabajar con los materiales vitales que te queden. Hay que aprender a distinguir entre ese saco de mierda que arrastras en un momento dado y ese bagaje que te queda de una manera más o menos volitiva. Hay que aprender a quitarle peso al petate y así dejar hueco para más objetos que sean lo suficientemente preciados como para meterlos, claro que siempre se van a colar cosas inservibles y entonces hay que aprender a desaprender los vicios que incorporas inútilmente.
Quizás sea un ejercicio desmesurado de autoindulgencia o de soberbia pretender que tu petate es infinitamente elástico, porque en el camino te puede lastrar tanto que no te deje proseguir. Y es que no tenemos más remedio que proseguir puesto que es parte de nuestra naturaleza y la aceptación y el entendimiento de nuestra condición temporal me resultan básicos para no caer en el pozo de la depresión y la infelicidad.

sábado, 18 de agosto de 2007

Crítica literaria, críticos y edición crítica

Incluyo un comentario introducido por mí en
http://www.normalizado.com/2007/06/19/critica-literaria-i/

La crítica literaria como ámbito de conocimiento y actividad profesional es para mí perfectamente defendible, lo cierto es que cuando el crítico obtiene una posición importante como tal dentro del establishment literario debe demostrar su integridad, conocimiento e independencia, bien pudiéndose dejar llevar por simpatías y antipatías, intereses económicos creados y otras presiones propias o externas.

Por otra parte, la edición crítica siempre debería ser el mejor medio de lectura, sin embargo, éstas aparecen sobre textos que la crítica ya ha sancionado como relevantes en determinado ámbito literario y que además están más o menos libres en cuanto a derechos de autor. Además, cuando leemos novelas más o menos recientes disponemos del mero texto por cuestión de tiempo y porque el interés del lector (y del mercado) suele estar en el escapismo y el entretenimiento más que en el análisis filológico, lo cual es del todo natural.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Una y lineal

Rancios pero sugerentes, carga de recuerdos tan vagos que apenas son sensaciones, los hechos pasados de la vida relampaguean, marcando impresiones que se desvanecen en segundos. Un periódico antiguo, una década, una adolescencia venida a juventud, una juventud que espera una madurez que habrá de mirar atrás para hacer la catarsis validadora.

Hacer historia del presente, inusual conciencia de la mirada al pasado futuro. ¿Acaso no sería mejor experienciar la vida picoteando a placer de entre todos los momentos? Extrema y gozosa variedad. Ahora viajar con tu amor de madurez, ahora juegos infantiles, ahora conocer para luego descubrir. De este modo rellenaríamos poco a poco las zonas temporales de nuestra vida hasta completar el entramado de la existencia individual, y así, al carecer de linealidad temporal no nos preguntaríamos por el significado de nuestra vida y menos aún intentaríamos justificar nuestros actos.

La linealidad de la vida es en extremo tediosa por dos razones, por lineal y por única. Quizá sean las personas con desdoblamiento de personalidad las más listas, aunque los psiquiatras traten desesperadamente de eliminar uno de los yo del enfermo para recuperarlo a la sana unicidad. ¡Tracemos líneas virtuales que despeguen de su matriz y busquen la perfección de la parábola, la sinuosidad de la contracurva, la despreocupación del arabesco! También se me ocurre deshacer la línea en multitud de ellas, los fanáticos del significado bien podrían devanarse los sesos en busca de la fórmula que procure el resultado del sumatorio de las fuerzas que todas esas líneas ejerzan. ¿Cuál es la tónica del acorde de nuestras vidas?

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