Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de agosto de 2013

Ser un "bright"



Ando en el penúltimo capítulo del libro de Lawrence Krauss A Universe from Nothing. Lo estoy leyendo y disfrutando en versión original. Después de haber visto a Krauss en bastantes videos de diferente tipo ya sabía que al hombre se le da la oratoria. Pues bien, además resulta que es de esos científicos que escriben estupendamente y te obligan a trabajar la mente mientras te lleva del pasado más remoto a un futuro muy lejano y de lo increíblemente pequeño a lo absurdamente grande, y cuando hablamos de grande o pequeño, no estamos sencillamente hablando de objetos, o sea materia, sino de magnitudes extremas del espacio y el tiempo, donde parece que se encierran los mayores misterios por desvelar que nos depara la ciencia. Y en estas que el otro día, estando de visitas por tierras levantinas, justamente estuve dando un agradable paseo por el centro y Barrio del Carmen de Valencia dando con la fnac abierta en domingo donde cayeron Cliclos del Tiempo de Roger Penrose y Evolución, el mayor espectáculo sobre la tierra de Richard Dawkins. De este último leí con interés las primeras páginas en el cercanías de vuelta. Y como quiera que me despertó de madrugada una espeluznante tormenta y dado que mi capacidad para retomar el sueño ha disminuido a la par que mi  tinnitus aumentado me puse a vagar por la red alrededor de Dawkins, Krauss, ateísimos y demás, dando con la web http://www.the-brights.net. Los Brights son un movimiento iniciado por Paul Geisert en 2003 que promueve la comprensión pública y el reconocimiento de la visión naturalista del mundo. El movimiento tiene vocación universal, pero nace en EEUU, y uno de los principales objetivos que persigue es conseguir la lexicalización del término bright como sustantivo (es un adjetivo) con el significado de “alguien que tiene un punto de vista naturalista sobre el mundo (libre de elementos sobrenaturales y místicos)”. Desde el punto de vista lingüístico se trata de zero derivation, proceso por el cual una palabra cambia de categoría gramatical sin la adición de morfema alguno. También se puede considerar que se ha añadido un “morfema invisible” denominado null morpheme. El asunto léxico-semántico es interesante porque, si bien aquel que tiene una visión naturalista sobre el mundo es sencillamente un “naturalista” o se adscribe al “naturalismo” –hasta aquí correcto, el uso del término se ha extendido de modo que designa a alguien que sencillamente gusta de darse un paseo por el campo, a excursionistas y a defensores de la naturaleza. Pero declarar tu amor por la naturaleza y tu enconado esfuerzo por su defensa no te hace en absoluto un naturalista en el sentido estricto del término. Esto ocurre tanto en español como en inglés. Así, un naturalista en el sentido laxo de la palabra bien pudiera ser además un avezado espiritualista que enciende velas para convocar a los ángeles y echa las cartas del tarot en sus ratos libres, lo cual obviamente le alejaría bastante de estar libre de elementos sobrenaturales o místicos. Es aquí donde entra la acuñación de un neologismo como brights. Está por ver si se mantendrá en inglés y cómo se exportará a otras lenguas. En el caso del español, me da que ir por ahí diciendo ser un “brillante” no va a tener mucho éxito. Mantener el neologismo inglés y adoptarlo como anglicismo parece lo mejor, para ira de anglófobos.

Para hacer una breve reseña de algunos conceptos clave a lo largo de las primeras páginas del libro de Richard Dawkins, el autor señala en Evolución la diferencia entre teoría, teorema, conjetura, hipótesis y hecho. Me parece cada vez más sorprendente que sigan apareciendo aquí y allá comentarios por parte de críticos con la evolución que señalan con toda la tranquilidad del mundo que “se trata sólo de una teoría”, confundiendo el sentido de teoría que se aplica en ciencia: “serie de las leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos” (D.R.A.E.). Obviamente, quien confunde este uso con la locución común “en teoría” desbarata su credibilidad de un plumazo. Por otra parte, Dawkins indaga sobre el hecho de que, pese a que la evolución no es observable, al menos por selección natural sí es una teoría susceptible de haber sido desarrollada mucho antes, sin  haber tenido que esperar a que estuviera bien entrado el siglo XIX. Se refiere el autor en este punto a Ernst Mayr, al que describe como “el gran abuelo de la síntesis neodarwiniana”. Mayr, fallecido en 2005 a los cien años de edad, postulaba que el retraso en el desarrollo de la teoría de la evolución obedece al esencialismo platónico, el cual ha dominado ampliamente el pensamiento a lo largo de la historia occidental. Por otra parte Darwin apunta que este esencialismo es en gran medida connatural al ser humano, siendo los niños perfectos esencialistas. El proceso de aprendizaje sobre el mundo consiste en gran medida en categorizar el entorno asumiendo la existencia de un modelo esencial. Y es que, como Dawkins reflexiona, el valor de la observación, pese a ser un pilar de la ciencia, está hipervalorado en general, ya que en muchas ocasiones nos engaña o nos lleva a conclusiones erróneas. Para Dawkins, la inferencia indirecta es a menudo la conductora hacia teorías que se mantienen como hechos. Especialmente cuando se estudian fenómenos de la naturaleza que ocurren muy lentamente a lo largo de enormes periodos de tiempo, como la evolución por selección natural o la deriva continental. Es interesante apuntar aquí que Dawkins deja caer en los comienzos del libro que la selección natural no es el único y exclusivo factor conductor de la evolución, espero con ganas que ahonde sobre este asunto en posteriores capítulos. Además, curiosamente es la evolución por selección artificial un proceso que, por el tiempo relativamente corto en el que se desarrolla, permite que entendamos lo enormemente productiva que es la evolución en general, ya que genéticamente lo que ocurre en la selección artificial (como en la creación de razas de perros) es lo mismo que en la evolución darwiniana solo que en la primera es la acción del hombre la que actúa sobre el acervo genético.

 

Esta ha sido mi lectura principal en los dos últimos días, y dado que me interesan estos asuntos de la evolución, la geología, la cosmología, astronomía, etc., que mi concepción del mundo es naturalista, y que me mantengo al margen de la religión (pues no creo en la existencia de entidades sobrenaturales como deidades, ángeles o demonios), no sólo le he echado un vistazo a la web de los brights, sino que me he registrado. ¡Soy un bright! La verdad es que en general soy reticente a pertenecer a cualquier grupo que implique alguna ideología. De hecho mi posición religiosa, en principio, es la ausencia de posición. En la práctica, como la religión está fuertemente imbricada en el tejido social y como soy, como cualquiera, parte del mismo, tengo mi derecho a hacer crítica sobre la religión cuando me plazca. Y de hecho lo hago. En esto que me ha llamado la atención una de las sugerencias en la web de los brights, que anima a usar el término para rellenar cuestionarios que pregunten por la religión. En principio me da cierta grima que se le pregunte a alguien a qué religión pertenece, como si tener una religión fuera tan normal como tener nombre, apellidos, dirección, etc. Lo cierto es que, probablemente, en EEUU las preguntas sobre raza y religión en impresos de diversa índole deben estar a la orden del día. Viviendo en Inglaterra, (que con sus diferencias comparte un acervo cultural anglosajón con los norteamericanos) hace años, tuve que rellenar un cuestionario más o menos oficial, no recuerdo muy bien para qué era exactamente, pero pienso que se trataba de algo relativo al trabajo. Creo recordar que no se me preguntaba la religión, pero sí recuerdo que se me preguntaba la raza. Ignoro si actualmente existe algo parecido en España para inmigrantes que empiecen a trabajar en el país, pero no deja de parecerme extraño y producirme cierto rechazo. En la España de otros tiempos las razas quedaban muy claramente taxonomizadas por tonalidades: blanca, negra, amarilla, cobriza y aceitunada (por cierto que Antonio Muñoz Molina escribió un interesante artículo al respecto). Las posibilidades que brindaba el cuestionario británico resultaba más complejo. Una de los epígrafes incluía el término “mediterráneo”, y aunque yo soy más de las playas de Cádiz y Huelva, siempre me ha gustado a mí eso de sentirme culturalmente “mediterráneo” (pero a menudo me identifico con lo british). En cualquier caso, por lo que pude entender, lo de mediterráneo venía a ser alguna suerte de subclase dentro de los aceitunados, lo cual no es lo mismo que bronceado con unte de aceite bajo el sol de Andalucía Occidental. De este embrollo me sacó mi jefa, blanca cual directa descendiente de los Jutos con un ‘you are white”, sin más vueltas.  A lo que voy, no creo que se le tenga que preguntar la religión a nadie si no es para inscribirse en una iglesia, secta o algo parecido, en cualquier caso para asuntos relacionados con la religión. Lo que me produce una suerte de extrañamiento es que se dé más o menos por hecho que la gente pertenece necesariamente a una religión. Ahí cumple perfectamente su función la denominación bright, y probablemente lo escribiría de darse la situación en un país de habla inglesa, aunque el simple guion largo (queda más aseverativo que corto) o rayita, se me antoja más potente, algo así como responder “pero qué clase de pregunta es esa” o “acaso me ha tomado por alguien que cree en lo sobrenatural”.  De algún modo, al rellenar la casilla, aunque sea con “bright” no deja uno de aceptar que es connatural al individuo pertenecer a alguna religión. Y además aquí viene el quid: el movimiento bright no es una religión. Así, escribir “bright” en la casilla debería en todo caso interpretarse como una rayita con un asterisco y una explicación a pie de página indicando “bright” como explicación del motivo por el que se pone la rayita.

Como ahora soy un bright, incluyo una imagen digamos corporativa de la comunidad para hacer proselitismo (¡yo librepensador, qué vergüenza he caído en manos sectarias!) Y consciente de que no publicaba desde mayo pese a haber hecho propósito de enmienda (¿concepto cristiano?) elevo este texto (“subir” lo dejo para archivos de programas y tal) a entrada del blog con la intención, como siempre, de que no me decaigan las ganas.

sábado, 10 de marzo de 2012

A vueltas con los platos cuadrados


Apoltronado y sintiéndome un poco preso en el sillón, y luciendo un buen día, de buena gana me lanzaba a la calle a tomar unas cervezas y unas tapas en el primer bar de viejos de por aquí que se me ocurra. Bar de viejos, expresión que me recuerda mucho a librería de viejo, tan recurrente en el libro de Andrés Trapiello que ando leyendo. Autor que por cierto ofreció una charla sobre Chaves Nogales hace unos días en Sevilla a la que me disgustó bastante no poder asistir. Claro que la analogía entre ambas denominaciones es, cuando menos, tangencial.

Esto viene a colación del minidocumental titulado La muerte del bar español y la invasión de los platos cuadrados del que he sabido por un artículo de EL PAIS. No sé yo si existe tal cosa como el bar español, aunque alguno he visto yo con botellas etiquetadas con banderas preconstitucionales que probablemente eran muy españoles. Digo que no sé si existe tal cosa porque España es grande (con perdón) y varia. Al igual que los acentos, varían los usos, productos y nomenclatura. Lo cual hace probable que acontezcan anécdotas más o menos divertidas. No hace mucho cometí la ridiculez provinciana de pedir media tostada para desayunar en un bar de Madrid, donde el camarero me contestó que podía ponerme una tostada. Y es que por estas tierras de Andalucía occidental la tostada o es entera, o es media. Lo curioso es que el bar en cuestión no era una castiza tasca madrileña, sino un local de la cadena Los 100 Montaditos, que proviene de estas latitudes. Otra anécdota que conozco es la de un granaino que, también en Madrid, como si estuviera en el Albaicín pidió tan pancho "una Puleva y una maritoñi." Y la verdad es que siempre he hablado bien de los bares de Madrid. Hace ya bastantes años que me llamó mucho la atención cómo al entrar en una tasca abarrotada el camarero, muy atento, se dirigía a nosotros, varias filas de clientes mediante, con un “¿qué van a tomar los señores?”, de allí ya no nos escapábamos. También, en cierta ocasión hice un fugaz viaje a Madrid con mi amigo Jose Luís para asistir a un concierto, y como quiera que el horario lo tenía trastocado me dieron las 5 de la tarde sin almorzar, pero llegados a un bar tan normal y corriente como cualquiera, sin mayor problema me sirvieron un par de huevos fritos con chorizo que me pusieron las pilas hasta que Gene Simmons y compañía dieron su inolvidable show.

En el mencionado corto se hace un retrato de lo que es un bar español, donde se sirve el tan común pincho de tortilla. Creo que era yo ya mayorcito cuando oí por primera vez lo de pincho de tortilla, porque aquí los pinchos son de pollo adobado y la tortilla se pide como tapa. Lo cual me hace pensar que a lo que ese buen hombre llama un bar español quizás sea en realidad un bar madrileño, porque tan provinciano como mi media tostada y la maritoñi del otro puede resultar rarito lo del pincho de tortilla por otros lares alejados de la capital.

No se trata aquí de posicionarse porque a mí me va la variedad en muchas cosas, y si se trata de degustar, tanto me puede apetecer lo más tradicional como lo más cool. Pero también mucho de lo que hay en medio y alrededor, que parece a veces que todo es blanco o negro, cuando maneras de cocinar y de hacer hostelería hay muchas, y probablemente la mayoría no sean ni exactamente tradicionales ni deliberadamente a la última. Cuando estuve en Madrid el pasado diciembre con mi amigo Jesús, nos tomamos unas cañas en un local absolutamente tradicional, y muy bien que estuvo. Por otra parte, que en cierto momento lo vintage pueda ser precisamente lo cool, o sea, que lo cutre sea guay, obviamente ocurre. Pero esto no creo que sea nuevo, lo tradicional siempre ha sido un recurso, del mismo modo que el ancho de los pantalones va y viene con las décadas. Pero aún sin pretender posicionarme, hay muchos bares de los de siempre que me provocan una profunda sensación de tristeza, esos donde el mobiliario de hostería industrial, la luz blanca de neón y el sonido de las tragaperras son elementos sempiternos que hacen a veces difícil distinguir a uno de otro. Si eso es lo de toda la vida, qué mala vida.

Arremeter contra los platos cuadrados parece haberse convertido ya en un tópico que me recuerda a algo sobre lo que escribí aquí hace algún tiempo, unas pocas entradas atrás. A estas alturas lo que se me ocurre es que algunos bares de toda la vida deberían ser menos deprimentes y algunos modernitos menos mojigatos.

Ya me gustaría salir de bares a comprobar por mí mismo si la crisis está afectando más a los establecimientos tradicionales o los superchulis, pero mi pierna enyesada es un lastre que limita mucho mi campo de acción, espero con anhelo hacerlo apenas llegue la vivificante primavera.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/03/09/madrid/1331318112_611899.html

lunes, 13 de octubre de 2008

Creando y descreyendo


Un artículo de Juan Manuel de Prada sobre el creacionismo ha dado que hablar últimamente. Incluso a él mismo le ha dado de qué hablar en otro artículo donde no corrige pero acaso aumenta la versión anterior hablando de incrédulos. Para de Prada, el incrédulo sobre la intervención divina en la creación, la comunión de los santos o la resurrección de la carne suele creer que se va a forrar invirtiendo un puñado de pecunia o que vivirá más de cien años gracias a los avances de la ingeniería genética. Yo desde luego no creo que me pueda forrar invirtiendo, pero como no tengo un pavo que invertir no me preocupa en absoluto. En cuanto a lo de vivir más de cien años, con el tabaquismo que tengo encima, dudo muchísimo alcanzar esa edad. Sin embargo, si tuviera que apostar obligatoriamente o bien a que resucitaré al final de los tiempos o bien a que viviré más de cien años, lo haría sin duda por la segunda opción, porque la primera me parece risible en su sentido literal y la segunda plausible científicamente. El señor de Prada debería tener en cuenta que en la época actual la creencia en los preceptos de la Iglesia y la verdad de las Escrituras son una cuestión personal y que se suelen desarrollar en los círculos afines a la fe, pero que cuando saltan al mundo exterior, el real, uno se arriesga a que los demás comenten lo que les parezca, del mismo modo que se tiene derecho a hablar de la comunión de los santos en un diario.

Yo no estoy de acuerdo con el creacionismo ni con el diseño inteligente (que son esencialmente difíciles de distinguir). La cuestión está en si estas doctrinas o teorías pueden hacer daño. Yo pienso que no lo hacen dentro del ámbito de la religión (la adscripción a y el ejercicio de una religión son un derecho). Que se cuestionen asuntos científicos desde la religión toma otro cariz, especialmente en el ámbito de la enseñanza (primaria, secundaria y superior). Entiendo que hay dos modos principales de cuestionar la ciencia desde la religión: en cuanto a la moral y en cuanto a la cosmogonía. De estos, los asuntos relativos a la moral son debatibles en sociedad, aunque desgraciadamente generen conflicto. Son cuestiones perfectamente opinables. Si los cristianos protestan contra el aborto por sus convicciones de moral cristiana, pues normal, ahí está el debate. Pero si protestaran (lo hacen algunos en EEUU) por no introducir su cosmogonía cristiana en la enseñanza de la cosmología, la física o la biología, mal andaríamos.
Para el señor de Prada el hecho de que el hombre de las cavernas se pusiera a pintar es prueba de que hubo intervención divina para que existiera el ser humano. El incremento en la capacidad craneana (algo perfectamente entendible a la luz de la evolución) no es algo significativo, es más, probablemente Dios intervino aumentando la capacidad craneana para que el hombre de las cavernas pudiera pintar y así tuviéramos las generaciones venideras constancia fehaciente de su labor divina.

martes, 7 de octubre de 2008

El plagio de Bunbury




Me decía un buen amigo de entonces, una tarde cualquiera, cuando Héroes del Silencio estaban en su apogeo, que el grupo no le parecía mal, pero no aguantaba la voz afectada del vocala. Yo sin embargo hacía una vindicación de la afectación. Bajo mi punto de vista… a ver, soy sevillano, un sitio donde solías pegar una patada a un naranjo y caían tres guitarristas de la muerte… esto me he perdido, sí… prosigo… No… que bajo mi punto de vista, insisto (¿no lo había hecho aún?) el grupo sonaba a rock contundente, pero sin la voz… una mierda (con mis respetos a quien le corresponda). Me di cuenta de la grandeza de los maños estos cuando en medio de la pista de una discoteca (antaño teatro) en Hamburgo, hace más de una década, la avant garde del local (me consta que no eran canis), fauna masculina y femenina (osea, “to dios”) flipaba con lo bien que cantaba yo los temas de los susodichos “Héroes”. Reeperbahn: una condonería, dos sitios de comida rápida, un puticlub, tres sitios de comida rápida, un bar de copas, una condonería, dos sitios de comida rápida, un bar de copas, otro sitio de comida rápida… y así… (bueno, y más puticlubes). Conste que iba con novia (alemana por supuesto, del este para más señas) y que me empujaba a “disfrutar” del marchote que se me ofrecía.

Joder, que me salgo de madre (Viva el San Pauli; esto ya no lo explico, lo dejo a los más freaks (pista: fútbol)


Total, que hubo hasta un asesinato por allí, pero yo, con los Héroes, el rey de la disco, total.


Volví yo a la facu y le dije al colega que yo era ya fan de los Iron Maiden, de Pink Floyd y de Los Beatles; y de los Kinks y de la madre que parió al faraón de la puta pirámide de Keops (osea: el señor Keops) (pero él ya lo sabía). Hace algún tiempo que no le veo, pero me consta que es un tío fetén.


En resumiendo que es gerundio (vaya uso lingüístico carca que se caga la perra): El Bunbury usa versos de Pedro Casariego Córdoba. Poeta de culto al cual gracias a la puta polémica van a acceder muchos más lectores. Que el colega Enrique podría haber incluido una reseña al susodicho poeta en su disco… pues sí… Que eso es plagio… menos mal que no ligué en la Reeperbahn de Hamburgo, porque entonces la SGAE me multaría por “ligoteo improcedente” (joder que no ligué, que ya tenía novia autóctona, bueno, del éste, ya lo dije). Hay citas musicales que son tan evidentes (para el oído avisado) que a nadie se le ocurriría pleitear por ello porque loan más que plagian al primigenio creador. Pienso, en mi desconocimiento de la ley (mierda, no exime de su cumplimiento), que si Bunbury hubiera mencionado a Casariego en los créditos hubiera estado bien (siempre está bien usar la cultura popular para dar a conocer la de culto), pero que machacar a un músico por varias frases en sus letras es de cogérsela con papel de fumar (o ganas de dar por culo).


Más en plata: habría que pleitear contra Matt Groening porque en un capítulo de Los Simpson el pequeño Bart dice: “Algo está podrido en el Reino de Dinamarca”. ¿Le suena a alguien?


Joder… iba a tocar un shuffle pentatónico con la acústica pero me he acojonado, ¿mira que si me ponen un pleito?


Me voy a la cama... ¿o no?

lunes, 6 de octubre de 2008

Platos cuadrados


Últimamente leo todos los días el ABC (edición de Sevilla) en papel, que cada mañana está bien temprano dentro de una bolsa de El Corte Inglés colgada en la puerta del piso. Cosas de vivir con mi abuela, que me ha acogido en su búnker protector mientras nos sobrevuelan las crisis (que son varias). El domingo pasado se explayó a gusto don Antonio Burgos, gran valedor de los valores sevillanos y faro que nos ilumina para que no tropecemos con mamarrachadas que no vienen a cuento en nuestra mariana y fortissima Híspalis. Incluyo el vínculo:


http://www.abcdesevilla.es/historico-opinion/index.asp?ff=20081005&idn=81406899813

A mí que el señor Burgos esté muy bien relacionado y que le inviten a bodas y coma caña de lomo y gamba blanca de Huelva (mi abuela diría de Padrón), me parece estupendo. Que lo utilice para machacar a la hostelería moderna, a Arzak y a quien se ponga por delante me parece pelín extemporáneo y bastante reaccionario, pero sobre todo me parece una putada para los hosteleros que en la capital andaluza intentan crear negocio, empleo y turismo sin ajustarse a la más estricta ortodoxia. Y es que al señor Burgos le ha dado últimamente una perrera tremenda contra los restaurantes de “platos cuadrados”, aunque sobre ellos se pongan manitas de cerdo, rabo (“cola” en Sevilla) de toro o langostinos de Sanlúcar. Lo curioso es que según se desprende de sus comentarios cada vez va más a sitios de “platos cuadrados”. ¿La cuadratura del círculo?


Fui propietario de un restaurante de “platos cuadrados”, aunque también los teníamos redondos (por si venía el señor Burgos; no lo hizo que yo sepa). Me consta que existen algunos estupendos restaurantes de “platos cuadrados” en Sevilla y que muchos de sus clientes leen el ABC. Flaco favor señor Burgos. Claro que para favor nada como que le inviten a uno a caña de lomo y gamba blanca de Huelva.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Crisis




Me voy a meter en camisa de once varas. Lo digo porque no soy ningún especialista en el tema que voy a tratar. – Pues entonces no hable usted de ello. –Oiga, es que este es mi blog y escribo de lo que me parece.



Resulta que muchos de los que han estado anclados en la defensa del liberalismo económico están poniendo en duda la necesidad de la no injerencia de los estados en los mercados financieros ya que se supone que estos se autorregulan correctamente. La sombra de la duda está cubriendo a expertos y neófitos. Según leo en la prensa, la actuación del gobierno de los EEUU inyectando capital en la banca se parece mucho a una nacionalización del sector, o al menos de algunas entidades. Raro anda el mundo si la nación que lidera todo un constructo de creencias que pivota alrededor de la libertad de las empresas y la banca para hacer y deshacer saca pecho en plan estado protector, y es que en los últimos años, esto de nacionalizar suena a país latinoamericano que saca las uñas a las multinacionales estadounidenses y europeas. Digo yo que en la tierra de la libertad y la justica para todos ya podrían haberlo hecho antes, por ejemplo, para crear una sanidad pública medio digna. Pero es que eso sería poner la salud de los pobres en la misma escala de valores que las cúpulas financieras, y eso debe rozar la inmoralidad en el país de las barras y estrellas. El dinero, como la belleza, tienen su peligro y es potencialmente corruptor. Cuando existe la posibilidad de enriquecerse ilimitadamente se genera automáticamente la posibilidad de que todo se vaya al carajo, y como se ha demostrado, incluso bajo parámetros legales. En principio, la generación de riqueza es uno de los objetivos principales de los gobiernos, pero parece que una cierta planificación no viene mal porque los grandes capitales pueden provocar grandes derrumbes.
Hace ya tiempo que se dice que la aspiración al estado del bienestar ha llegado a su fin, y me pasa por la cabeza la fugaz, acaso peregrina, idea de que en esa negación ha estado de alguna manera la génesis de la crisis actual. Claro que esto no tendría mucho sentido si aceptamos el tema de las hipotecas basura de EEUU como germen de la misma. ¿O sí?

–Pues usted dirá. –Oiga, es que yo soy un neófito en estos asuntos. –Pues ya le dije que no escribiera sobre tales. –Y ya le dije yo que como es mi blog escribo de lo que me parece.

miércoles, 30 de abril de 2008

Subwoofers





Una vez vi a un hombre normal dentro de un coche normal con un equipo de sonido normal, a una hora normal, escuchando a los Beatles con el volumen bien alto. Se me antojó que había en él una cierta reivindicación. Probable hiperinterpretación mía, no dejaba de ser un contraste con respecto a los vehículos de llantas imposibles, neumáticos de perfil bajísimo, colores inexplicables y subwoofers dignos de una sala de conciertos.
En cierta ocasión, un conocido comentaba que andaba pensando montar una mesa de camilla, con sus cartas y su botella de pongamos chinchón, justo en el lugar donde varios cientos de jóvenes solían hacer su "botellón" escoltados por la policía. Llegó a tal punto cuando no pudo acceder a una calle con su coche y un policía le explicó: "es que están los chicos bebiendo".
El buen gusto y el mal gusto son cosas, aparte de difíciles de objetivar, de lo más íntimo. Por eso tenemos más o menos la oportunidad de elegir. Pero los botellódromos en plena vía y los subwoofers excitados por prodigiosas etapas de potencia no los elegimos, se nos imponen. A todo esto confieso que me encanta beber en las fiestas y que adoro los graves con buena potencia. ¿Me hago mayor? O aún peor, ¿un jodido reaccionario?

viernes, 18 de abril de 2008

La música y sus funciones


La música está pertinazmente presente en la vida diaria de casi todo el mundo, y no solamente en el caso del melómano de prolija discoteca. La música nos rodea, está en las cuñas de los informativos, en los anuncios publicitarios, en los fondos sonoros de programas de televisión, en los menús de los DVD, en las películas, en los documentales, en los teléfonos móviles, en los juguetes; en definitiva en muchos sitios donde desempeña una función secundaria o paralela (el caso del cine es especial, más adelante me referiré a él). Las músicas que cumplen esta función provienen de diversas fuentes. Podemos encontrar el éxito de actualidad en un anuncio televisivo, lo cual debe significar en principio que el anunciante se ha gastado sus buenos cuartos. Pero esto último no es algo de lo que podamos estar absolutamente seguros ya que existen en el mundo empresarial multitud de formatos para hacer negocios, especialmente en épocas de crisis y muy particularmente con la necesidad de las discográficas de abrir nuevas vías de comercialización. El intercambio o barter en su voz inglesa es un sistema que suele utilizarse mucho en publicidad. También, los éxitos del pasado han sido y siguen siendo ampliamente utilizados, quizás haya un repunte al respecto actualmente. Si la razón está en el puro criterio estético de los creativos publicitarios o la factura a presentar al anunciante tiene que ver, se escapa a mi conocimiento, aunque no a que le dé algunas vueltas en mi cabeza. Pero también podemos encontrar música no reconocible, esa que ha sido creada ex profeso para acompañar por ejemplo tal anuncio televisivo. En este caso se entiende que en ello trabajan músicos y estudios de grabación especializados, y esto parece lo más consecuente y profesional. Pero a menudo me defrauda notar que esa melodía suena a plagio total y me parece reconocer algún éxito de hace quince o veinte años, pero tan lejanamente que no se le puede llamar adaptación, versión ni nada parecido (con lo cual también entiendo que es lo que debe salir más baratito). De todos modos, sigo pensando que tiene un gran valor componer algo adecuado al medio con el que la música vaya a ir adscrita, aunque sea un tono de espera para la línea telefónica, porque hasta en esto hay calidades (el de mi banco me encanta). En el cine hay una serie de capas que se superponen para crear un conjunto y la música es a menudo (hay excepciones) un elemento fundamental. Ocurre que, especialmente en el cine de presupuestos más o menos elevados, a menudo encontramos renombrados compositores y magníficas producciones musicales que se desligan de la pantalla y asumen la forma de otro producto comercial como BSO, en ocasiones de notables cotas.
En cualquier caso, la música adquiere a menudo un carácter más o menos servil con respecto a otras disciplinas e intereses, del mismo modo que cuando la música se comercializa supuestamente como objeto en sí misma adquiere un carácter más o menos servil con respecto a nosotros mismos. Y es que en general no podemos prescindir de las músicas a las que me refería anteriormente sin obviar el resto del soporte, pero al elegir la música que nos acompaña al conducir, al leer, al escribir o al amar estamos de algún modo eligiendo y modulando la realidad que nos circunda.
Pero hay algo más que eso, porque la música tiene su lado privado y su lado público o social, y en base a éste último la música con la que uno se identifica puede ser parte de tu caracterización como persona. A veces la ausencia de interés por la música es un rasgo de caracterización en sí mismo. Sin embargo son muy comunes los prejuicios con respecto a ciertas músicas y la gente que las consume, las adora, las utiliza o se adscribe a ellas de algún modo. En realidad todas las músicas tienden a tener un enemigo cultural que trata de ningunearlas, de defenestrarlas. En general, cuanto más alejado del mainstream, más posibilidades de caer en las consabidas etiquetas de raro, ruido, inentendible, etc. Luego está el factor tiempo. En mi opinión la música es algo perdurable y además hay tanta que siempre hay tiempo de volver al pasado para descubrir, redescubrir y completar. Uno de los ejemplos más extremos de cómo la música posicionaba a los individuos era el de las tribus urbanas, especialmente en los años ochenta, o al menos así lo viví. Heavies, punkis, rockabilis y otros se definían por conceptos musicales que se han difuminado con el tiempo.

martes, 8 de abril de 2008

Sociedad e imágenes


Hoy aparece en elpais.com un reportaje sobre una exposición fotográfica en Lausana que pretende tratar el tema de los límites éticos en la utilización de imágenes. Es obvio que una foto puede ofender, molestar, avergonzar, ridiculizar, indignar, apenar, sobrecoger y muchas otras cosas, pero lo interesante es ver como a lo largo de las décadas, los estándares de corrección han ido cambiando. A veces me fascinan las cosas del pasado, especialmente periódicos y revistas, y la publicidad que aparece en ellos es un reflejo estupendo de los tiempos en los que se publicaron. Resulta curioso por ejemplo ver anunciados como la última novedad coches, televisores, ordenadores que hoy están obsoletos, y digo están porque en su momento eran el no va más. Pero quiero referirme aquí a esas imágenes publicitarias bajo las que subyace de algún modo un esquema de comportamiento social, unos valores aceptados en su día como correctos. Hay que puntualizar que siempre se puede encontrar la excepción y que la transgresión no es ni muchísimo menos un invento de nuestra época. En cualquier caso el que pueda curiosear este tipo de material podrá encontrar imágenes publicitarias que no serían hoy en día correctas en absoluto, es curioso como la apertura de la sociedad a posiciones más laicas y permisivas nos ha proporcionado por otro lado una hiperprotección de los derechos y libertades que hace que haya que tener pero que mucho cuidado con lo que se dice y se publica, tanto mediante la imagen como mediante la palabra. De tal modo que cosas que apenas hace unas décadas eran marca de progresía y libertad de expresión son miradas hoy con recelo. Y es que hay muchos demonios por ahí sueltos: la desigualdad de la mujer, la violencia de género, la pederastia, el racismo, la xenofobia, el maltrato animal, el terrorismo y muchos otros. No me extraña que Brooke Shields tratara por todos los medios de que no se mostrara su foto posando desnuda con diez añitos. Lo que molesta en la imagen no es el desnudo de una niña impúber, sino la actitud sexual, el maquillaje, bien pudiera ser parecida a las que hoy en día se intercambian los pederastas por la red. Un tipo de imagen muy utilizada hace un par de décadas o tres era la imagen de la oficina con la secretaria en pose algo más que solícita, imposibles hoy por trato discriminatorio a la mujer aunque siga siendo una realidad. Lo que no se acepta es mostrarlo, ya que implica la aceptación social de una realidad que se pretende cambiar. Y es cierto que está cambiando, pero lentamente. Estamos quizás en un momento en el que conviven (inestablemente) más perfiles morales que nunca.

martes, 1 de abril de 2008

Pavos y pavas






Resulta que unos investigadores han puesto en duda el hecho de que los pavos reales que tienen la cola más vistosa y perfecta tengan más éxito con las pavas. Vamos, que hay pavas para todo. De todos es sabido que en el reino animal a menudo son los machos los más agraciados en colorido para atraer a las hembras. Parece ser que han probado que machos con colas aparentemente defectuosas ligaban tanto como los más agraciados. Lo que no nos dicen es si las pavas que se liaban con los de las colas chungas eran los callos malayos de las pavas. La belleza del macho es lugar común, pero cuando vamos a algún lugar donde hay pavos reales solemos compadecernos de la pobre pava, tan insulsa con respecto a sus compañeros. Al parecer, otros investigadores opinan que en el estudio de marras se han obviado algunas sutiles (pero importantes para las pavas) características de las coloridas colas. Digo yo que hay pavas sapiens sapiens que a veces también ligan con el pavo menos agraciado, pero será porque las verdaderas plumas que le interesan no están en la cola, sino en la cartera. También se puede dar que un pavo acabe ligando con la pava menos atractiva después de haber estado pavoneándose todo el rato entre las reinas de la pavería sin éxito hasta que se le han intoxicado las plumas, con lo cual se confirmaría la tesis de la pava malaya. Claro que siempre queda la posibilidad de mandar las plumas a tomar por saco y volverse a poner las plumas de seductor en otra ocasión por si las pavas se dan cuenta de que eres el pavo más real de la pavería y que se dejen de dar por culo con los estudios sobre pavos y pavas. También la pava puede quitarse las deslucidas plumas de pecadora para volverlo a intentar en momento o lugar más propicio por si aparece el pavo de las plumas estupendas y además también está bien cargado de plumas de las otras. Qué pavada oiga. Luego están otras paverías donde todos son pavos o todas son pavas, pero entonces son otras las plumas, y muy bien que me parece, que también tienen derecho a pavonearse.

martes, 2 de octubre de 2007

Fotos y banderas

Según el nuevo diario Público, En el Reino Unido y en los Estados Unidos no están penados actos contra símbolos nacionales como la bandera. A mí siempre me ha parecido un poco infantil el tema de las banderas, tanto idolatrarlas como quemarlas, claro que las instituciones e ideologías que subyacen a tales actuaciones no son bagatelas. En España, la idea de república está denostada y malinterpretada por muchos, esos que ven solo ultraizquierda. La república es un sistema de organización del estado en el que tienen cabida todas las opciones políticas. Si bien existe una cierta ideología que la sustenta (casi todo tiene ideologías subyacentes dentro de una sociocultura).

El pasado republicano del PSOE quedó diluido por la Transición, en la cual jugó su papel. Incluso Carrillo, ayer en televisión defendió la monarquía diciendo que es la ultraderecha la que la rechaza. La ultraderecha rechaza la monarquía parlamentaria por monarquía y por parlamentaria. Estas posturas son fáciles de entender si consideramos la importancia que tuvo en su día la legalización del Partido Comunista y cómo el Partido Socialista ha venido ocupando un lugar poderoso dentro del espectro político de país. Es de buen nacido ser agradecido.

Pero el ciudadano debe tener libertad para opinar sobre los partidos políticos, las instituciones y también sobre el sistema mismo. La defensa que el Rey ha hecho de la institución que representa (o sea, de sí mismo) se basa en el progreso logrado, tratando de justificar mediante la praxis la existencia de una base ideológica que procura la sucesión de poderes y privilegios por vía de sangre. Sobre esto, todo ciudadano debe tener derecho a expresarse.

martes, 11 de septiembre de 2007

Google sabe demasiado

Parecemos haber llegado al consenso de que cada vez estamos más “pillados” por todos lados. Hace ya tiempo, antes de Internet, el Gran Hermano era Hacienda. El estado era (y es) poseedor de los recursos. En el imaginario de décadas pasadas aparecen ordenadores como camiones, una miríada de rollos de cinta magnética, habitaciones llenas de monitores de fósforo verde y naranja y resquebrajados sonidos de impresoras. Recuerdo que en la época en que nos sacábamos nuestros primeros DNI, un chaval explicó por qué te pasabas varias semanas con el resguardo hasta que llegaba tu flamante carné: tus datos tienen que ser introducidos en los dos ordenadores de España. Toma ya, no es que en España hubiera entonces solo dos ordenadores, sino el título oficial de los ingenios informáticos donde constábamos todos los españoles (con DNI, al menos), una institución más. Ahora, muchos de nosotros vamos ofreciendo nuestros datos por la red, como es el caso de las farragosas plataformas de búsqueda de empleo.

Resulta que, según un artículo publicado hoy en elpais.com, Google “sabe demasiado” de nosotros y se guardan diversos datos sobre nuestras búsquedas y actividades en la red. Una cosa es obvia, Google es un gigante. La primera vez que vi Google me gustó su simplicidad y en seguida lo planté como página de inicio. Como Yahoo y algunos otros parecían estar inflando la "burbuja cibernética", me daba a mí como que el Google era lo más cool. Recientemente he comenzado a usar hasta el Google calendar, y eso que siempre he sido reticente a tener información en servidores, prefiriendo tenerlo todo (o lo máximo posible) en mi propio ordenador (por ejemplo el correo electrónico mediante el correspondiente programa de gestión del mismo en lugar del correo web). Total, que estoy metido hasta las cejas en el mainstream, ¡con lo que me atrae a mí la calidad selecta de la minoría!

Teniendo en cuenta que las leyes de protección de datos no son iguales en EEUU que en España / UE, cómo sabes que nadie se entretiene en California curioseando tus citas. Hay una respuesta inmediata: quien te crees para pensar que tus citas le puedan interesar a alguien. Claro que si eres famoso la cosa cambia. ¿Y los delincuentes? ¿Y los terroristas? No creo que planeen sus actividades con Google calendar, ¿o sí? Eso sería la repera. Oops, el g-mail chat ataca. Hasta otro día.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Google/sabe/demasiado/elpeputec/20070911elpepisoc_2/Tes

Colaboradores